Al servicio de la comunidad

Hoy me paró la policía. Había ido simplemente al cine con un amigo guionista y mi hermano, al Abasto. Descubrimos que la película elegida estaba doblada al castellano, y por rotunda negativa del guionista la abandonamos. No encontramos ninguna otra para ver, y salimos a tomar una cerveza a la calle.

Nuestro primer encuentro con la ley fue tranquilo: un señor vestido todo de naranja se acercó y nos dijo que tomar alcohol en la vía pública estaba prohibido. Aclaró que circulemos un poco y elijamos otro lugar. “Caminen un par de cuadras y tomen todo lo que quieran”, dijo, consciente de que dicha prohibición era tan tonta que merecía el mismo poco respeto que nosotros le dábamos.

Lo entretenido vino después. Nos sentamos a unas prudentes dos o tres cuadras, en el escalón de una puerta, y seguimos con la actividad de charla y cerveza. En un momento noté que mi hermano se ponía de pie, y vi a un hombre parado frente a él. El mismo tenía una campera marrón y unos jeans, y sostenía en su mano una placa de la policía federal. Le dijo a mi hermano que se quedara sentado y a continuación nos pidió los documentos. Más allá de que no teníamos, legalmente, obligación de hacerlo, le dimos nuestras cédulas, y rápidamente aparecieron dos des-uniformados más, para acompañar al primero en su circo callejero. Nos preguntaron si habíamos estado detenidos y después, si teníamos “algo”. Alejados como somos de la ilegalidad, les respondimos con sinceridad que no. “Se los digo porque los vamos a revisar, y si nos aclaran ahora ya hablamos de otra cosa”. No teníamos nada, así que nos tuvieron que revisar.

Fui el primero, mientras el primer oficial comprobaba nuestros antecedentes por radio. Vacié mis bolsillos, de los pantalones y de la campera, sobre el escalón, y mostré el interior de mi billetera. Qué cantidad de inutilidades que llevo, pensé, mientras veía boletos de colectivo, pañuelos usados, pañuelos no usados, monedas, papelitos varios. Posteriormente miraron el interior de mi mochila y me palparon para ver si estaba armado, supongo. Procedieron de la misma manera con mi hermano y mi amigo, que a punto estaban de reírse de lo ridículo de la situación. La gente que pasaba miraba la detención con esa curiosidad rayante en lo idiota de los sucesos públicos.

Calculo que se habrán decepcionado de no haber encontrado lo que habían supuesto en tres jóvenes alcohólicos y malvivientes. Nos preguntaron qué hacíamos, con mucha seriedad (les expliqué que la película doblada no nos convenció) y nos dijeron que seguramente a nosotros nos molestaría salir de nuestra casa y que haya gente tomando alcohol. Por decir algo, no sea cosa que la revisión haya sido inútil.

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