Un buen tipo

Captain America: The First Avenger (2011), Joe Johnston

Captain America es una película cristalina, que va sin vueltas. El bueno es muy bueno (de hecho, es perfecto en los sentidos más obvios, y nunca se esboza ningún tipo de problema o falla del protagonista), y el malo es tan malo que tiene la cara roja y con forma de calavera. Es más malo que Hitler, y nada lo justifica (ninguna venganza personal seria, ni nada por el estilo). El bueno es azul y el malo es rojo. La guerra es icónica, los personajes más planos del cine. Y esto puede ser una falla, pero la verdad que también es una apuesta. No se preocuparon por adornar con conflictos o pequeñas historias personales, por hacer su personaje humano, su malvado un poco bueno, ni nada por el estilo, y rescato esta novedad, alejada de la hipocresía argumental habitual. Con esto claro, el guión sólo podía estar claramente dividido en dos partes: antes y después de la transformación.

De las películas de superhéroes siempre me gustaron los comienzos. Una vez el personaje devenido figura de acción, pierdo parte importante del interés, y a lo largo de la vida (o al menos, del tiempo que existe esta tendencia de Marvel y DC de hacer películas) fui capaz de revisionar muchas veces estos comienzos. En general estas películas plantean el momento de cambio, el antes y después del personaje, y en el antes siempre se esfuerzan por mostrar con claridad la cotidianeidad, la vida común, el personaje limpio y sus conflictos. Con la transformación se cristalizan los conflictos y un factor nuevo le permite al mismo lidiar con ellos de otra manera. Pero el quid de la cuestión siempre es la transformación. Por lo tanto, el estadío previo a la misma.

Me parece que al equipo de Captain America le pasa lo mismo que a mí. Por lejos, lo mejor de la película termina cuando Steve Rogers se auto-proclama Capitán América durante el rescate de los 400 soldados en Francia. Y es llamativo que este momento de asunción de identidad se da bien entrada la película, y mucho después de la transformación física del flaco newyorkino. Antes de eso, se lo hace pasar por un período de claro patetismo, encarado con una secuencia de montaje musical (genial) en la que se lo ve al Capitán América como personaje de película, de historieta, de show teatral pro-compra de bonos de la 2da Guerra Mundial, que fue, según tengo entendido, lo que realmente fue. En la película se presenta esta realidad y la otra, la que está detrás, de que el personaje efectivamente existe pero no está destapado. Lo que viene después del destape, las batallas que se libran, el equipo que se forma, y todas esas cosas, están tramitadas con apuro y sin ganas (aunque cumplen con su función). Sí, queremos verlo pelear con traje. Les damos eso, pero todos sabemos que lo importante ya pasó.

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