Noche y niebla

Magneto Testament (2008), Greg Pak, Carmine Di Giandomenico, Marvel.

Hay veces en las que las productoras (o en este caso, editoriales) grandes y dominantes hacen productos que no parecen propios de ellas. Se nota particularmente en el tema de la historieta, y en libros como Magneto Testament, de Marvel, que no tiene nada que ver con super héroes, adolescentes o universos paralelos. Bajo la excusa de que su protagonista en el futuro denvendrá uno de estos personajes mitológicos (porque si hay algo que Marvel o DC hacen desde su creación es mitología posmoderna), se trata su pasado en las más lisa y llana humanidad. O des-humanidad, ya que hablamos de un hombre que sufrió el Holocausto.

El origen: Magneto es un sobreviviente de Auschwitz. El argumento: todo el periplo desde que los nazis empezaron a perseguir judíos en Alemania (el primer hito histórico en la historieta es la noche de los cristales rotos, de 1938), hasta que el protagonista, Max, huye del campo de concentración en el que se desempeñaba como  sonderkommando (unidades de trabajo de prisioneros encargados de incinerar cadáveres), pasando por la invasión a Polonia y la historia del gueto de Varsovia. La idea, básicamente, es utilizar el recorrido de un personaje para mostrar diferentes fases del delirio alienado que fue el nazismo.

Hasta cierto punto se la puede considerar una obra algo educativa, presentable a adolescentes ignorantes de la historia. Pero por otro lado, posee un relato elaborado y complejo, con una exploración de un personaje que cumple la función de representar a millones, una imagen expresiva (aunque para mi gusto, algo plástica), y una utilización de ciertos recursos tal vez ya usados (las páginas en negro, las voces en off) pero bien llevados a cabo.

Hay una angustia bien transmitida pero nunca explotada (es decir, sin golpes bajos) que atraviesa toda la obra, y todavía no me queda claro si es por los sucesos narrados o por el relato mismo. En el primer caso, estaría disgustado. No hay nada más fácil que conmocionar desde el lugar común de mostrar una historia real totalmente escalofriante. Pero probablemente se trate del segundo caso, y lo celebro. Porque si se pudo transmitir y hacer perdurar la angustia y el horror relatando hechos ya conocidos (por mí y por todos), es porque el relato, desde su intención de mantener vivo el recuerdo, es tremendamente claro, contundente, y efectivo.

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