El horror

Dead Ringers (1988), David Cronenberg.

Pienso que tengo que escribir algo sobre mi revisión de esta película. Siendo corpus de mi tesis en construcción, voy a tener tiempo de escribir largo y tendido al respecto. No obstante, me parece útil poner algunas cosas en claro, que puedan servir a futuro, y que puedan servir en general como referencias analíticas.

Una duda general que me asaltó mientras la miraba nuevamente (la vez pasada, hace algunos años, no recuerdo haber tenido tal duda) era en cuanto a género, ya que noté que, lo que por costumbre hubiese considerado un drama psicológico, era en realidad un thriller, y hasta podría ser considerada lisa y llanamente una película de terror. Pero gracias a dios esto no nos dice mucho, ya que no es una obra en absoluto simplificable, pertenezca o no a un género.

Es interesante notar en qué radica el conflicto de la película, y cómo se descubre esto. No está a simple vista (o tal vez está tan a simple vista que no se ve), y lo que parece ser por momentos el quid del argumento (la creciente locura de uno de los hermanos y su problema de drogas) en realidad no es tal. El problema surge entero de la separación de los gemelos Mantle (interpretados de una manera terrorífica y totalmente genial por Jeremy Irons), llevada a cabo por la aparición en sus vidas de Claire Niveau, una mujer que, en una primera instancia, les llama la atención por una mutación ginecológica. Porque los hermanos Mantle son obsesivos del interior del cuerpo, han diseñado un aparato de disección revolucionario, y se han dedicado nada más y nada menos que a la ginecología.

Su separación, o la amenaza de ella, desencadena un remolino de destrucción. El punto es claro: qué pasa cuando entre dos hermanos gemelos patológicamente unidos, se interpone un personaje foráneo, que por primera vez deja claras sus diferencias (diferencias que toda su vida intentaron ocultar). Brota la psicosis, latente durante años, y ante la cada vez más clara evidencia de la imposibilidad de continuar sus vidas como venían siendo, simbióticas y complementarias, brota también la autodestrucción, progresiva y sistemática. Y es este punto el que me resulta más interesante. La autodestructividad de los personajes parece ser una cuestión fatalista, una consecuencia natural y lógica de la realidad que viven. Se lleva a cabo paso a paso, al mismo ritmo en que la alienación, después de ser amenazada, cobra fuerza y toma el control.

Todavía me faltan varias revisiones, y a medida que mis ideas decanten, seguramente serán expresadas acordemente. Igualmente, Dead Ringers parece ser inagotable. Lo que sí puedo decir es que, si existe algo como la perfección en una película, existe en esta.

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