Castellano neutral

Mi primera boda (2011), Ariel Winograd.

A los pocos minutos de comenzada la película, no pude sentir menos que molestia, y un poco de indignación, al ver que lo que parecía un casamiento robado de una película de Owen Wilson, era lo que se trataba en esta película como el casamiento normal. ¿Qué es un casamiento según esta obra? Para empezar, es una “boda” (como me señaló acertadamente mi hermana), se festeja de día, en una quinta, en exterior, con sillas blancas puestas frente a un altarcito también blanco, con banda en vivo, etc.

Probablemente exista gente en Argentina que se case de esa manera, en modo imitación cultural, pero ¿qué gente? Seguro no los personajes de esta película, que parecían gente común y corriente. Si estamos hablando de millonarios menemistas que vacacionan en Miami y viven adentro de una película extranjera, está bien, pero aclarémoslo desde un principio, y es un tema interesante para tratar. Pero si la cuestión no es esa, y se representa ese tipo de ritual como el casamiento tipo, es porque la gente que trabaja en la película tiene una identidad cultural como mínimo dudosa, y eso no me gusta. Aunque por otro lado, también puede tratarse de un recurso para hacer la película aint-localista, vendible al exterior, castellano neutral. Nada me atrajo de esto.

No obstante, lo pude superar. Y eso gracias a la película en sí misma, que logra plantear esa situación y luego distraernos para no pensar en ella. Lo hace con un guión un poco robado (novia obsesiva quiere que el casamiento sea perfecto; novio tonto pierde los anillos) pero redondo, bien logrado. Lo hace también con una buena dupla protagónica, y diálogos espontáneos y graciosos. Pero por sobre todo, lo hace a base de buenos personajes secundarios. Creo firmemente que sin ellos existe una buena chance de que la película hubiese sido un fracaso estrepitoso. Se lucen dos, para ser precisos: Martín Piroyanski (que desde Sofácama no para de trabajar) hace de un perdido, un potz, como le dicen; y Soledad Silveyra, haciendo a la patética y alcohólica mala madre de Oreiro. Y además de ellos dos, el trío de amigos Sebastián De Caro, Clemente Cancela y Alan Sabbagh funciona de maravilla, Daniel Rabinovich y Marcos Mundstock de cura y rabino, Pepe Soriano y Gino Renni como referentes de casados frustrados, Muriel Santa Ana como la amiga de la novia, y la lista sigue. Me parece que realmente son estos detalles, estos personajes idiosincráticos y disparadores de los mil gags, los que hacen que esta comedia funcione, tenga frescura y, por sobre todo, sea graciosa.

pd.: merecen una mención especial los títulos, que desde la animación logran contar la historia de los dos personajes en muy pocos minutos.

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