6to Congreso Argentino de Go (3)

5to Torneo Hilario Fernández Long (2)

Superado ese primer difícil obstáculo, me sentía más tranquilo, y afortunadamente, la siguiente partida fue contra un oponente de un nivel más cercano al mío. Como me está sucediendo con cierta frecuencia, la partida se definió con la persecución de un grupo rival, al que empujé contra una pared que había logrado armar, hasta la victoria por abandono. Ambos estuvimos de acuerdo en que el error de las negras había sido ignorar lo rodeado que estaba su grupo, jugando en otro lado, situación que me dio el tiempo necesario para asfixiarlo.

Salí a tomar aire, intenté y fracasé en conseguir un sándwich para un almuerzo tardío, y volví al salón a por la tercera ronda. Jugué negras, contra un oponente más fuerte que yo, señor japonés conocido de mis tardes en el club. Cerca del medio juego, cometió el error de invadir mi moyo cuando ya era tarde. Defendiendo la piedra invasora, creó un grupo pesado que perseguí con insistencia. Si bien pudo salvarlo, me dio la fuerza suficiente para capturar uno de sus grupos, de buen tamaño, en uno de los lados del tablero.

Había ganado las tres partidas del día (bastante más de lo que esperaba) y me dediqué a tomar un café y comer el merecido sándwich mientras conversaba con conocidos. Lo que sucedió el resto del día lo relaté en la entrada de ayer, excepto el acercamiento del presidente de la asociación, que  vino mientras tomaba el café para decirme: “Luciano, ¡vas primero!”.

Hoy me acerqué al club con ciertos nervios, controlados con la estrategia de intentar ignorar completamente mi situación. Quería jugar rápido, pero conociéndome, tenía que controlar mi ansiedad. Sin embargo, hice algunas movidas inconvenientes, fruto de mi estado particular de ánimo, hasta que lo logré manejar y, jugando con frialdad, gané por un buen margen. Extrañamente había ganado las cuatro rondas del torneo, haciéndome con el primer puesto en mi categoría (kyus).

El punto álgido de la jornada fue, claramente, recibir el premio y las felicitaciones de manos de Fernando Aguilar, además de los saludos de los conocidos del club. El triunfo se trató, básicamente, de una serie de coincidencias y una cuota de buena suerte, que traté de aprovechar lo mejor que pude. En este momento, más allá de estar contento, simplemente espero que esta copa no sea la última.

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