Posguerra

Metoroporisu (メトロポリス, 1949), Osamu Tezuka.

No soy un lector habitual de manga, la historieta japonesa. Como algún lector habrá visto, sí soy lector de historietas occidentales, y disfruto mucho todo género y estilo de ellas. No obstante, si bien existe en mí cierta atracción obvia por la cultura japonesa, nunca se materializó por ese lado, con algunas excepciones (una de ellas es Bagabondo, gran obra cuya continuación tengo pendiente). Hace poco, revolviendo una comiquería de lo más interesante, nunca antes visitada, me encontré con este pequeño ejemplar, de edición argentina, que es Metoroporisu, de Osamu Tezuka, una suerte de versión japonesa de la película de Fritz Lang. De su lectura extraigo, entre un aire de nostálgica familiaridad, cierta perturbación.

Para empezar, es notable la enorme influencia occidental que hay en el dibujo de Tezuka. Después de una breve investigación, descubrí que efectivamente, en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, la televisión japonesa se vio invadida por la animación norteamericana, que marcó profundamente y para siempre su cultura popular. Esta marca está claramente presente en esta obra, y ya que al parecer, el autor fue el precursor del animé y el manga actual, explicaría muchas cosas (entre ellas, el por qué de los ojos grandes en los dibujos japoneses).

Es interesante, además, que aparece la preocupación de que la tecnología desarrollada por el hombre mismo pueda eventualmente destruirlo. La historia consiste, básicamente, en que un pequeño niño robot es creado mediante tecnologías radioactivas, y su identidad de humano artificial le es oculta. Al enterarse de esto, intenta destruir a la humanidad. La últimas escenas, en las cuales el pueblo de Metropolis intenta refugiarse en las estaciones de subte, entre otras cosas, y la reflexión misma (bien explícita) de la tecnología como peligro para el hombre, no pueden sino hacerme pensar en el intento de elaboración del trauma generado por la guerra en el país y, particularmente, por las bombas atómicas. Tal vez sea sugestión, esperar ver algo de eso, pero durante toda la lectura, en ningún momento dejé de sentirlo.

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