TAG 2011: octava fecha

Terminó el Torneo Argentino 2011. Después de más de dos meses y ocho partidas intensas, puedo decir que fue una experiencia gratificante. Hay algo de estoicismo y resistencia, en estar durante todo ese tiempo con el juego en la cabeza, las preparaciones, y las partidas mismas de duración larga y concentración superior (aunque ahora parezcan más cortas de lo que parecían al principio). En la mayor parte de los casos me enfrenté con oponentes de mayor nivel que el mío, y en la mitad de ellos pude hacerme con la victoria. Sumado al Congreso 2011, el TAG me sirvió para acumular algo de experiencia base en partidas competitivas.

La última fecha me tocó jugarla por KGS, pero esta vez no me molestó tanto. Simplemente acepté la partida como venía y jugué con menos obstáculos mentales. No tengo muy claro nada sobre mi oponente, solo lo vi un par de veces y nunca antes había jugado, pero si no me equivoco, es una o dos piedras más fuerte que yo.

Creo que hice un fuseki relativamente aceptable. Una objeción menor es que quizás blanco 12 trabajaría mejor un lugar más arriba, y una objeción mayor es el joseki de la esquina inferior izquierda. Cuando mi oponente jugó negro 19, no supe como aprovecharlo. Hay más de un error para analizar en ese secuencia.

A continuación se jugó la secuencia de la esquina inferior derecha, la cual creo que fue ampliamente desfavorable para negro, con un consuelo. Creo que, aún capturando el rincón incondicionalmente, hacerme construir semejante fuerza apuntando al centro podría ser un problema serio. Es discutible, sí, pero el problema es que, de no ser por un error mío, la esquina no estaba capturada incondicionalmente. Blanco 52 es un error de lectura básico y bobo, y la esquina blanca muere completamente. Jugar en R1, creo, hubiera salvado la situación y, probablemente, el juego. Después de perder el rincón de esa manera, lo único que podía hacer era usar bien la fuerza que había conseguido a cambio, y la reducción de negro 69 me dio la oportunidad perfecta para hacerlo. Blanco 70, según ambos, era sente, y a continuación me dispuse a rodear, sin ningún pudor, a la piedra invasora, jugada tal vez demasiado cerca de mi fuerza. Muy probablemente había mejores maneras de jugar para ambos, pero si algún aprendizaje se quiere extraer, ese puede ser, una vez más, el de respetar la fuerza por un lado, y el de mejorar la técnica por el otro. Fue gratificante poder encerrar el grupo y finalmente capturarlo, a base de jugadas no del todo obvias, así que terminé mi torneo relativamente contento.

Cuatro a cuatro, me parece, no es un mal resultado. Como siempre, el objetivo resultante es el de, cuando llegue el momento, superarlo. Acá la partida, y acá, nuevamente, el resultado del resto de la ronda.

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