buenos aires

El show creativo

Desde que lo vi por primera vez, el cartel publicitario de la Parroquia Santa María, ubicada sobre Av. La Plata en la intersección con Venezuela, me llamó mucho la atención. Hace unos días me encontré por casualidad parado enfrente, y le saqué una foto para recordar escribir algo al respecto.

Me genera una mezcla de gracia e incredulidad. Lo que está claro es que los genios publicitarios del catolicisimo tienen mucha experiencia y son talentosos. Más allá de que la historia lo demuestre, me parece que requiere talento hacer algo así, lindante entre la auto-parodia y el moralismo extremo, que logra ser a la vez ligero y denso. “Ya es hora de acercarnos a Dios”, junto a un reloj gigante, funciona como el desenlace de un chiste: siempre es hora de acercarnos a Dios. Abajo se anuncia una peregrinación a Luján como un recital multitudinario.

Evidentemente lo que esto me despierta no es más que curiosidad por el mecanismo de evangelización de la Iglesia Católica. Creo que lo que este cartel pone de relieve es la cualidad publicitaria del asunto, más claro acá que en otras propagandas similares. Uno esperaría que, cual arte bizantino, los llamados a Dios sean trascendentales, imponentes, sagrados. El hecho de que este se produzca con un mecanismo más o menos cómico, y por sobre todo, totalmente mundano, puede ser efectivo en un primer nivel, pero contraproducente en un segundo. Por la sencilla razón de que al llegar al desenlace uno simplemente se sonríe, y existe poca chance de que se lo tome en serio.

Tal vez lo sobre analizo, y no es la idea del anuncio, pero lo hago para intentar comprender por qué me llama tanto la atención. Y creo que la razón es simplemente que es gracioso, y el humor y el catolicismo son dos cosas que, por lo general, no se llevan bien.

Al servicio de la comunidad

Hoy me paró la policía. Había ido simplemente al cine con un amigo guionista y mi hermano, al Abasto. Descubrimos que la película elegida estaba doblada al castellano, y por rotunda negativa del guionista la abandonamos. No encontramos ninguna otra para ver, y salimos a tomar una cerveza a la calle.

Nuestro primer encuentro con la ley fue tranquilo: un señor vestido todo de naranja se acercó y nos dijo que tomar alcohol en la vía pública estaba prohibido. Aclaró que circulemos un poco y elijamos otro lugar. “Caminen un par de cuadras y tomen todo lo que quieran”, dijo, consciente de que dicha prohibición era tan tonta que merecía el mismo poco respeto que nosotros le dábamos.

Lo entretenido vino después. Nos sentamos a unas prudentes dos o tres cuadras, en el escalón de una puerta, y seguimos con la actividad de charla y cerveza. En un momento noté que mi hermano se ponía de pie, y vi a un hombre parado frente a él. El mismo tenía una campera marrón y unos jeans, y sostenía en su mano una placa de la policía federal. Le dijo a mi hermano que se quedara sentado y a continuación nos pidió los documentos. Más allá de que no teníamos, legalmente, obligación de hacerlo, le dimos nuestras cédulas, y rápidamente aparecieron dos des-uniformados más, para acompañar al primero en su circo callejero. Nos preguntaron si habíamos estado detenidos y después, si teníamos “algo”. Alejados como somos de la ilegalidad, les respondimos con sinceridad que no. “Se los digo porque los vamos a revisar, y si nos aclaran ahora ya hablamos de otra cosa”. No teníamos nada, así que nos tuvieron que revisar.

Fui el primero, mientras el primer oficial comprobaba nuestros antecedentes por radio. Vacié mis bolsillos, de los pantalones y de la campera, sobre el escalón, y mostré el interior de mi billetera. Qué cantidad de inutilidades que llevo, pensé, mientras veía boletos de colectivo, pañuelos usados, pañuelos no usados, monedas, papelitos varios. Posteriormente miraron el interior de mi mochila y me palparon para ver si estaba armado, supongo. Procedieron de la misma manera con mi hermano y mi amigo, que a punto estaban de reírse de lo ridículo de la situación. La gente que pasaba miraba la detención con esa curiosidad rayante en lo idiota de los sucesos públicos.

Calculo que se habrán decepcionado de no haber encontrado lo que habían supuesto en tres jóvenes alcohólicos y malvivientes. Nos preguntaron qué hacíamos, con mucha seriedad (les expliqué que la película doblada no nos convenció) y nos dijeron que seguramente a nosotros nos molestaría salir de nuestra casa y que haya gente tomando alcohol. Por decir algo, no sea cosa que la revisión haya sido inútil.

Ese qué sé yo

Hoy salí con mi hermano a caminar por la ciudad. Recorrimos varias plazas y calles de la zona en la que vive (el límite entre el centro y barrio norte). Encontramos algunos bares por debajo del nivel del piso, con ventanas a la calle, librerías, cafés. Y atravesamos varios barrios diferentes con sus elementos particulares (en alguno fuentes y muchos árboles, en otro negocios y más cemento).

Me dio la sensación de que, si viviera ahí, podría salir a caminar a cualquier hora por esas calles a buscar alguna inspiración o a estirar las piernas. De que las calles no se acababan y podría encontrar cualquier cosa en cualquier rincón. Pasamos por negocios de arte, de útiles escolares, de tela, de zapatos, de muebles, de objetos de oficina. Elegimos diferentes edificios según los departamentos que sus fachadas prometían.

En un momento de la tarde se largó a llover y gratamente descubrimos la cantidad de techitos y árboles que amortiguaban el agua. Comprobamos que las calles doblan y que sin darse cuenta uno se puede encontrar muy lejos de donde empezó sin proponérselo.

De alguna manera sentí levemente mi antiguo enamoramiento por la ciudad. Lo recordé, esa idea de que da gusto caminar por una ciudad así, que podría describir como cultural, cosmopolita, grande, o cualquier cosa, pero que la verdad es que debería decir que simplemente es linda. Hacía mucho que no me generaba este tipo de sensaciones. Más bien me tenía desencantado. Pero como una chica a la que uno quiere después de conocerla por mucho tiempo, hizo ese gesto particular, esa mirada precisa, y me recordó qué me gusta de ella.