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El pan nuestro de cada día

Con la nueva vida, y después del furor de las primeras semanas, empieza un tema clave: la comida. Una vez organizada la cocina, vaciadas y tiradas la mayoría de las cajas, y conectada internet (este fue, por lejos, el momento “estoy en el mundo” de la primer semana), empezaron a aparecer los temas más cotidianos.

Por un lado, está el de la limpieza. Este no es tan grave como había pensado. Entre dos las cosas son mucho más fáciles. Un sencillo sistema informal de turnos basado en las ganas del momento de cada uno de los dos alcanza para definir qué hace qué cosa a cada momento. Eso y un sentido general del orden y la limpieza, que siempre viene bien y que falta a mucha gente.

El tema de la comida es un poco más complicado. Hay dos factores en esto: por un lado, el aburrimiento. Sé que es posible, pero comer una variedad de ocho o diez platos solamente, alternándolos todos los días en un ciclo eterno hasta el fin de la vida me parece el panorama más triste que se pueda tener. Esos platos serían: una variedad de pastas, tartas, milanesas, hamburguesas, pizzas y empanadas, los menúes clásicos, básicos y baratos de todos los argentinos. El segundo factor es el económico. Nuestra situación financiera no es precisamente holgada, por lo que se hace indispensable tener un mapa mental de todos los gastos y precios a cada momento. Esto es más divertido de lo que parece.

Picada sui generis para pareja y amigos.

Picada sui generis para pareja y amigos.

A la hora de las compras, hay algunas opciones. El único supermercado más o menos grande que tenemos cerca es un Carrefour Market, pero a pesar de tener algunos descuentos, es la peor opción. Es una cadena que hace trampas de precios, sacándoles el cartel con el precio correspondiente a los productos más baratos de la góndola, para inducir la compra de los más caros. Los más baratos, además, son caros en comparación con otros lugares. Otra opción, la fácil, es el mercadito chino. A este se acude sólo en apuros: los precios, si bien más bajos que los del Carrefour, no son los más bajos del área. Además, tiene provisiones de una manera muy despareja (diez variedades de aceitunas y dos de fideos, por ejemplo), por lo que uno nunca sabe lo que va a encontrar o no.

La mejor opción termina siendo, como es habitual, la cadena Día, que si bien está a poco más de dos cuadras de distancia, presenta una gama de precios y promociones muchísimo mejor que las dos opciones mencionadas antes. Excepto, claro, en la verdulería y la carnicería. Entonces, cuando hay que hacer compras (cuando hay que hacerlas bien, en todo caso), hay que salir en una pequeña gira por la verdulería de elección (todavía no decidimos cuál es la mejor), la carnicería, y el Día.

Con todos esos elementos económicos elegidos, hay que aprender a cocinar bien para variar los platos y no caer en el aburrimiento culinario. Una salida para este problema fue la comida oriental. Recordé los platos que conocí en Japón, y traté de imitarlos dos veces: una vez con un Kare Raisu (カレ-ライス), o arroz con curry, y otra vez con un Katsudon (カツ丼). El primero salió bastante bien, a pesar de usar un tipo de curry inglés en lugar del japonés. El segundo fue realmente una hazaña. Tuvimos que ir al barrio chino a comprar algunos elementos que rompieron ligeramente el esquema económico, y reemplazar otros por variantes criollas, pero el resultado fue muy similar al que me deleitó en Japón.

Hay muchas cosas más por intentar, no sólo de comida japonesa, sino también algunas magias que conocemos de mil otros países. Cualquier receta o idea será bienvenida.

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Katsudon (カツ丼)

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