go

Una semana, un párrafo (1)

Lunes seis de la mañana, me despedí de mis viejos, y saludé a mi gata. El 7 hasta Parque Chacabuco, Avelino Díaz y Doblas. Bajamos todas las cajas, dos pisos por escalera, y nos sentamos en la vereda con todas ellas. Llegó el flete, me subí, y Julieta con su madre y su amiga Julieta fueron en el auto. Llegamos a la casa nueva, el sol inundaba el living, y empezamos a ordenar un poco. Viajar al trabajo, en tren, subte o colectivo. Llegué media hora tarde dos días seguidos. El tren es la mejor opción, aunque vaya a dos por hora. Buscamos opciones para instalar internet, todavía no encontramos la adecuada. Una semana sin heladera, pizza, fideos, tarta, milanesas. Primera visita de amigos, cervezas en un balde de hielo, agua a temperatura ambiente. ¡Llegó la heladera! Con un pésimo humor del muchacho que la subió. Al principio no enfriaba, ahora sí. Fuimos vaciando las cajas, encontré un lugar ideal para la mesa enorme, y tengo que instalar el lavarropas. Torneo con hándicap, no me fue muy bien. Ya están las computadoras y la impresora, básico. Se calmaron las secuencias, vi a mi familia, volví a estudiar go.

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Liga de Go de Buenos Aires

Los jugadores de go tienen necesidades. Como con cualquier deporte, una de ellas es la competencia. La competencia es útil en muchos sentidos. Por un lado, da una excusa para obligarse a uno mismo a jugar de la mejor manera posible. Teóricamente, un jugador o deportista siempre debería hacer esto, pero la verdad demostrada es que no es así. Habiendo un premio al final del camino (que bien podría no ser material, sino simplemente el reconocimiento que implican los primeros puestos), el esfuerzo generado tiende a ser mayor. Por otro lado, la ceremonia que implica la partida competitiva (el reloj, la notación del resultado, la partida previamente arreglada, etc.), le agrega seriedad e interés al juego, y su uso reiterado es una práctica y experiencia invaluable a la hora de jugar por objetivos grandes. En comparación, las partidas amistosas de sábado por la tarde, una tras otra y con la única motivación del entretenimiento que el juego genera (que por otro lado, no es despreciable), parecen algo pobres, en especial para jugadores con aspiraciones en el juego.

Hace poco más de un mes organicé la Liga de Go de Buenos Aires en la Asociación Argentina de Go. Es un intento de sacar de su embotamiento al club porteño, que parece estancado hace bastante tiempo. El pronóstico, para las autoridades y una buena parte de la gente, era malo, no obstante la cual en pocos días contábamos con unos quince inscritos. Actualmente hay 20 jugadores activos, premios sustanciosos para los primeros puestos, y 60 partidas jugadas en poco más de un mes. Una liga estable parece posible. Si a esto se le suman algunos torneos más durante el año, algún taller y otras actividades, el asunto se estaría pareciendo más a una Asociación Argentina de Go. Por ahora, estoy satisfecho.

Encuentro con la SIIG

“La japonesa es una sociedad muy enferma”. Muchas veces uno escucha esa gran muestra de tolerancia cultural. En la mayoría de los casos, se basa en alguna noticia periodística leída alguna vez, en alguna película o serie de televisión, o en alguna otra cosa por el estilo. Más allá de conocer a más de una familia japonesa, en estos últimos tres días tuve un encuentro algo más cercano con un grupo relativamente grande de japoneses, y no inmigrantes. Del jueves al sábado se llevó a cabo el encuentro entre la AAGO (Asociación Argentina del juego de Go) y la SIIG (Sociedad de Intercambio Internacional de Go), un grupo de jugadores japoneses amateur de go, mayormente jubilados. Su actividad consiste en viajar por diferentes países difundiendo el juego y entablando relaciones amistosas con los jugadores.

A diferencia de lo que esperaba, resultaron ser en extremo desenvueltos y simpáticos, más allá de la incomunicación lingüística en la que nos vimos inmersos (de los 15 que conformaban su grupo, sólo cuatro o cinco hablaban algo que no fuera japonés, aunque habiendo tres del nuestro que hablaban su idioma, podíamos llevar a cabo ocasionales traducciones exitosas). Si bien en un primer momento, dio la sensación de que la cosa no pasaría de una visita ocasional y poco trascendente, ya el viernes, fundamentalmente en la cena a la que nos invitaron, el clima pasó a ser el de un encuentro festivo. Al estilo de un congreso, se dio una reunión relativamente grande, de la cual formaron parte casi todos los jugadores fuertes locales (algunos teniendo que viajar para la ocasión), y en la que hubo mucho go, pero también mucha sociabilidad.

Los miembros del grupo de extranjeros, aunque no pudieran usar más que el japonés, igualmente hablaban con nosotros, y de alguna manera llegábamos a entendernos. Claramente, el lugar donde mayor comunicación lográbamos era el goban, y eso fue algo muy satisfactorio. Con una persona de un país tan lejano, que no comparte conmigo lengua, cultura, ni siquiera generación, pude jugar al mismo juego, y entenderme, hablando un mismo idioma, por ese medio.

Coyunturas

El maestro de go (吴清源, 2006), Tian Zhuangzhuang.

En la búsqueda de motivación (porque por momentos, uno la pierde), se suele pasar por varias etapas. Una de ellas, básica, es la de las películas. Esto funciona para cualquier ámbito de la vida. Cuando a uno le está faltando impulso, inspiración, o se siente estancado en cualquier actividad, es un intento común el ver una película sobre dicha actividad. En este caso, encontré una biográfica sobre Go Seigen, uno de los mejores jugadores de go de la historia.

Antes que nada, una aclaración. Me llamó la atención que la traducción del título de la obra fuera el mismo que la novela de Kawabata. El título original de la película es el nombre en chino de Go Seigen (Wu Qingyuan, ya que la nacionalidad del jugador era esa), por lo que los títulos iguales del libro y la película son simplemente fruto de los traductores.

No voy a ocultar que esperaba una clásica película de camino del héroe, una trama de cómo Go Seigen atravesó su carrera profesional hasta la actualidad, con los difíciles obstáculos que se le interpusieron en el camino. Lo que encontré, por el contrario, fue una reflexión mística sobre un hombre del que, en realidad, casi nada se termina de decir. Supongo que hay algo de mostrar lo críptico de una mente tan brillante, y me parece que harían falta una o dos revisiones para terminar de formar un juicio al respecto.

La película se centra, más que nada, en los años treinta, planteando dos conflictos de la coyuntura de los años más famosos del jugador: la Segunda Guerra Sino-Japonesa (tratada mediante el conflicto de identidad china y japonesa de Seigen), y la Segunda Guerra Mundial, con una escena particularmente buena sobre el Juego de la Bomba Atómica de 1945. Además, se dedica una buena parte del tiempo a cierta etapa religiosa de Seigen, durante la cual participó en una secta que terminó abandonando.

Argumentalmente, la película se plantea extraña, con un manejo de los tiempos poco tradicional y hasta confuso, y una visión del go en extremo monacal. No deja de ser divertido, no obstante, ver interactuar a personajes Kitani Minoru, Segoe Kensaku, y hasta Yasunari Kawabata, con el protagonista. Finalmente, no sé si en efecto resultó inspiradora, pero sí puedo decir que, como mínimo, merece ser vista una vez más.

Pd.: particularmente simpática es la escena inicial, en la que están el verdadero Go Seigen y su mujer en la actualidad, conversando con los actores que los interpretan en la película.

TAG 2011: octava fecha

Terminó el Torneo Argentino 2011. Después de más de dos meses y ocho partidas intensas, puedo decir que fue una experiencia gratificante. Hay algo de estoicismo y resistencia, en estar durante todo ese tiempo con el juego en la cabeza, las preparaciones, y las partidas mismas de duración larga y concentración superior (aunque ahora parezcan más cortas de lo que parecían al principio). En la mayor parte de los casos me enfrenté con oponentes de mayor nivel que el mío, y en la mitad de ellos pude hacerme con la victoria. Sumado al Congreso 2011, el TAG me sirvió para acumular algo de experiencia base en partidas competitivas.

La última fecha me tocó jugarla por KGS, pero esta vez no me molestó tanto. Simplemente acepté la partida como venía y jugué con menos obstáculos mentales. No tengo muy claro nada sobre mi oponente, solo lo vi un par de veces y nunca antes había jugado, pero si no me equivoco, es una o dos piedras más fuerte que yo.

Creo que hice un fuseki relativamente aceptable. Una objeción menor es que quizás blanco 12 trabajaría mejor un lugar más arriba, y una objeción mayor es el joseki de la esquina inferior izquierda. Cuando mi oponente jugó negro 19, no supe como aprovecharlo. Hay más de un error para analizar en ese secuencia.

A continuación se jugó la secuencia de la esquina inferior derecha, la cual creo que fue ampliamente desfavorable para negro, con un consuelo. Creo que, aún capturando el rincón incondicionalmente, hacerme construir semejante fuerza apuntando al centro podría ser un problema serio. Es discutible, sí, pero el problema es que, de no ser por un error mío, la esquina no estaba capturada incondicionalmente. Blanco 52 es un error de lectura básico y bobo, y la esquina blanca muere completamente. Jugar en R1, creo, hubiera salvado la situación y, probablemente, el juego. Después de perder el rincón de esa manera, lo único que podía hacer era usar bien la fuerza que había conseguido a cambio, y la reducción de negro 69 me dio la oportunidad perfecta para hacerlo. Blanco 70, según ambos, era sente, y a continuación me dispuse a rodear, sin ningún pudor, a la piedra invasora, jugada tal vez demasiado cerca de mi fuerza. Muy probablemente había mejores maneras de jugar para ambos, pero si algún aprendizaje se quiere extraer, ese puede ser, una vez más, el de respetar la fuerza por un lado, y el de mejorar la técnica por el otro. Fue gratificante poder encerrar el grupo y finalmente capturarlo, a base de jugadas no del todo obvias, así que terminé mi torneo relativamente contento.

Cuatro a cuatro, me parece, no es un mal resultado. Como siempre, el objetivo resultante es el de, cuando llegue el momento, superarlo. Acá la partida, y acá, nuevamente, el resultado del resto de la ronda.

TAG 2011: séptima fecha

Esta fecha fue, probablemente, la más significativa de mi Torneo Argentino. Llegando al final del mismo, habiendo acumulado algo de experiencia, pasando por partidas mal perdidas, otras bien ganadas, y algunas casi superiores a lo esperable, me tocó jugar con mi amigo del go, el Canadiense. Nunca había jugado en el torneo con alguien con quien estuviera acostumbrado a jugar, pero este fue el caso. El Canadiense me supera en unos tres niveles, y somos muy amigos. Nos juntamos a jugar todas las semanas, comemos juntos, comentamos libros, y siempre me explica algún que otro concepto que no tengo claro. En mi opinión, es mucho más fuerte que casi todos los jugadores de su nivel que he conocido, y le tengo gran respeto a su go. Teniendo todo esto en cuenta, quería ganarle como nunca antes, desde una amistosa rivalidad.

Fui con la idea de que no era imposible, pero no podía dejar de pensar que normalmente me da tres piedras de ventaja en nuestras partidas. Preparé el tablero, los relojes, un refrigerio, y lo esperé. Llegó y, después de una charla sobre Strategic Concepts of Go (Nagahara Yoshiaki, 1972), nos pusimos a jugar.

Esta partida, más que ninguna otra, me frustró, y todavía estoy intentando entender por qué. La verdad es que él fue más que yo en todo momento, sin que yo llegara a verlo con claridad. El fuseki fue más o menos equilibrado. Blanco 18 me pareció lento, e intenté aprovecharla extendiéndome del shimari y atacando la piedra blanca con una especie de pinza. No creo que eso estuviera mal. Lo que sí fue completamente ansioso e impaciente fue negro 35. La excusa básica es que después de blanco 18 la zona inferior no valía mucho, y dejar que él armara un moyo tan sólido era demasiado bueno para él. En cambio, si podía destruir o reducir el moyo, y cerrar el mío en la esquina superior derecha, sería un buen partido para negro. Pero el resultado fue básicamente un grupo negro débil, que blanco supo aprovechar bien más adelante. En el momento no pude ver la debilidad que me generaba esa jugada, a pesar de su obviedad, pero a la hora de la verdad fue la causa de mi derrota.

El kifu llega hasta la jugada 46, por problemas de memoria con mi adversario, pero la idea es que el grupo blanco del lado inferior logró salir hacia el centro y hacia mi moyo atacando mi grupo débil y sin ojos. Lo demás es anecdótico. La fuerza que construyó de ese lado fue suficiente para eliminar toda chance de ganar, y me vi forzado a abandonar.

Igualmente, fue una partida interesante y de juego ameno. Duró casi tres horas, y fue grato jugarla con alguien unido por una amistad. Probablemente sea el comienzo de una serie de encuentros de competición. El próximo, espero, será diferente.

Acá el kifu, y acá los resultados del resto de la ronda.

TAG 2011: sexta fecha

En esta sexta ronda, me tocó un oponente con el que nunca había jugado, así que fui sin expectativas, pero con fe en un buen resultado. Volvía a jugar en persona (cosa que no sucedía desde la segunda ronda) y supuse que sería una partida larga y pensada. Me equivoqué en lo primero.

Afortunadamente mi oponente fue un hombre al que le gusta pensar, por lo que el ritmo del juego fue de mi agrado, tomándonos ambos un buen tiempo para cada jugada. No obstante, la partida fue extrañamente corta. En la hora de juego que tuvimos, no hicimos más de sesenta jugadas.

Blanco (mi oponente), empezó creando varios grupos, e invadiendo demasiado pronto en san san con blanco 10.  Esto, habiendo jugado negro 5 y 7, no hizo más que generar un buen moyo para mí. En la esquina superior izquierda, se dio una apertura con la cual no estoy nada familiarizado y me encontré un poco confuso. Después de negro 27 cambié de plan e improvisé con 29, dejando la piedra anterior como amenaza para poder construir una pared con vistas a pinzar a la piedra blanca en la tercera línea. Esto último me salió a pedir de boca, pero negro 33 fue un error que blanco no debió perdonar. Básicamente, pensé que era sente, porque una secuencia posible después de esa jugada (si blanco hacía tenuki) terminaba en la muerte de blanco. El problema es que claramente no era la única secuencia.  Blanco dejó pasar esto jugando del lado contrario al deseable, y me permitió pinzar a su piedra. A continuación, procuró hacer algún tipo de forma encerrado en vez de intentar salir, por lo que pude rodearlo, más gracias a sus fallas que a mi pericia. El rodeo fue tal que el grupo quedó sin posibilidad de hacer dos ojos, y prácticamente murió.

Personalmente creo que había todavía cosas que intentar en el área, utilizando por ejemplo el kikashi de Q15, pero no estoy seguro de que algo funcionara
(todavía no encuentro secuencias viables). Sí es claro que mi oponente se puso en problemas por su cuenta, dejándose encerrar el grupo de esa manera. Esa pérdida fue realmente muy grande, quedando casi toda el área superior para negro. Igualmente, me pregunto si no habría manera de remontarlo, quedando tanto tablero por jugar.

Acá la partida, y acá el resto de los resultados de la fecha.