mundo

Acá y ahora

Los últimos cinco días los pasé en San Pablo, Brasil, en donde me encontré a Julieta, que está haciendo un intercambio en UNICAMP.

No sabía muy bien qué esperar de la ciudad, tenía muy pocas referencias y apenas había visto algunas fotos. Además, estaba en otra cosa (en muchas cosas), y pensaba más en el reencuentro y en salir de la ciudad que en el lugar al que iba. Cuando llegué no pude mantener esa frialdad en el juicio.

San Pablo es una bestia gigantesca que vive en el centro de Sudamérica, llevándose a todo por delante. Tal vez todavía no puedo armar un concepto completo de la superficie, pero lo primero que vi (y lo que más abiertamente me mostró la ciudad) estaba por debajo de ella. El Metrô de la ciudad es varias veces el de Buenos Aires, en muchos sentidos. Estaciones de concreto, industriales, como si a los constructores no les hubiera importado nada más que el servicio en sí mismo, el caudal de gente, el fluir de la sangre urbana. Tres pisos, escaleras mecánicas veloces, combinaciones ridículamente pobladas, frecuencia altísima, Blade Runner. La estructura importa más que cualquier otra cosa, y pareciera que todo es estructura.

Arriba las cosas son más ambiguas. Es el lugar de lo posible, es el lugar donde pasan las cosas, y siempre doblando la esquina, bajando o subiendo, parece probable encontrar cualquier cosa. Tal vez una estadía más larga haga lo potencial concreto, como las estaciones gigantes, y desnude un poco más a la ciudad, por ahora críptica. Pero lo que es seguro es que San Pablo, a diferencia de otras ciudades es, sin dudas, ahora.

San Pablo

London Calling

“Me sorprende la poca repercusión que está teniendo esto en el twitter argentino”, acabo de comentarle a @TPtuit, que cuenta que en este momento en Londres están tapando las puertas y ventanas en espera de los disturbios que se espera que continúen esta noche.

Lo primero que leí al respecto desde una vivencia personal (digamos, ajeno a una cobertura de los medios), fue el post que hizo hoy Tucumano in London, que me pareció, cuando menos, un poco superficial. Analizaba simplemente el hecho de que había personas inexplicablemente violentas en su ciudad, destruyendo como bárbaros, y condenaba esto. Mi primera reacción fue que el artículo era simplista, y seguramente había una crisis de carácter general que se desencadenaba en esta violencia (al menos esto me generó leer la comparación que se hizo con los sucesos de diciembre de 2011 en Buenos Aires, que poco tenían de inexplicables).

Pero poco más tarde empecé a dudar. Otros testimonios, como el de Raffo en TPtuit, o el de Federico Pettinato en La Nación, me hicieron pensar sobre la naturaleza de los hechos. Efectivamente Londres está siendo saqueada y se incendian los edificios y, al menos gran parte de los ciudadanos, están con miedo. Si a esto se le suma la caída de las bolsas, y los disturbios en cierta medida similares que están habiendo en el resto de Europa en los últimos meses (Grecia y España, básicamente), hay inevitablemente algo de crisis generalizada, es claro. Pero los testimonios a los que llegué hablan de una situación tan violenta e incomprensible, que solo me remiten a la película Battle in Seattle, en la que realmente la situación supera por su falta de explicación.

No sé que está pasando en Londres, ni tengo la menor herramienta para analizarlo o pretender entenderlo (como sí parece hacerlo Tucumano in London, que lo atribuye a “vagos” e “inadaptados”), pero simplemente, viendo las imágenes y testimonios que veo, me cuesta hablar de otra cosa, aunque solo sirva para difundir algunos de los textos a los que yo pude llegar.