producción

Interludios

Ayer viernes, mi equipo “Antes, muerto” y yo tuvimos la tercera jornada de rodaje del documental que estamos grabando. Tenemos un subsidio del Fondo Nacional de las Artes, lo que constituye básicamente el motor motivacional y económico del proyecto, sin el cual la cosa podría perderse y difuminarse entre cuestiones administrativas, dificultades de locaciones, desencuentros con los objetos documentados, etc.

Es un mediometraje del cual extrañamente, por una conjunción de situaciones del destino, soy el productor, rol que tomé durante la previa, con esa libertad que le da a uno no saber si la obra se va a realizar o no, ya que depende de otro (de un concurso, básicamente). Pero una vez sabido, empezamos, y ahora la vida y la coyuntura nos llevó a todos a estar aproximadamente a mitad de rodaje, tal vez de una manera más natural y fluida de la que hubiéramos imaginado.

En mi vida, funciona como una especie de intervención, una actividad que está siempre en algún lugar, en el teléfono o en la agenda, o en charlas con desconocidos para pedirles cosas, y los días de rodaje son reencuentros con el pequeño equipo (dos directores, un director de fotografía, un sonidista, y un asistente que varía en cada jornada), una vez cada tanto; días que poca conexión tienen con el resto de las cosas. Y teniendo en cuenta lo alejado que últimamente estoy del mundo de los rodajes (experiencias, tal vez traumáticas en cualquiera de los muchos sentidos del término, me alejaron hacia el mundo de la escritura en sus variantes, casi con exclusividad, al menos por ahora), puedo decir que aunque por momentos pese, es útil como interludio ocasional, como posibilidad de crear desde otro lugar, y como ejercicio de trabajo grupal, que tal vez (probablemente) nunca deba estar completamente extinto.

Foto: Tatiana Mazú

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