teatro

Al más puro estilo

La constancia del viento (2011), Pablo Iglesias, Buenavía Teatro Estudio.

Soy un amante del melodrama. Desde Cumbres Borrascosas hasta Malparida (la última genialidad de la televisión argentina), pasando por Ripstein y Orgullo y Prejuicio, me encanta ver a los personajes sufrir hasta límites ridículos y atravesar vidas de dolor y amor fallido. Esta afición por el género, no obstante, no evita que pueda reírme de él. De hecho, todo lo contrario.

La constancia del viento es una obra independiente, chica, simple, y buena. Con sólo tres actores, un sillón y apenas algunas piezas más de escenografía en un pequeño teatro de palermo (todo esto en extremo común en la actualidad, pero en la mayor parte de los casos, mal utilizado), se logra un melodrama al más puro estilo clásico, con cegueras falsas, pérdidas de memoria, familias conflictivas y con secretos, lucha de clases y, obviamente, amor prohibido. Como buena parodia, tiene la virtud de cuestionar el género, hacernos reír de él, y a la vez disfrutarlo gratamente.

Destaco y mucho los trabajos de los tres intérpretes, que desde lo grotesco construyen a la perfección sus arquetipos, y particularmente logrado es el personaje de María Clara, que no para de sollozar en toda la obra. Otro punto a mencionar es el uso de la música. Si bien el sonido es un poco desprolijo, con fades poco felices y momentos de saturación (cuestiones técnicas que denotan, justamente, cierta falta de técnica), la música, a base de clásicos de la cultura popular, genera los momentos arquetípicos (como todo lo que hay la obra) hasta el divertido absurdo.

El crecimiento hacia el climax final, en el cual todos los elementos se suman en su máxima potencia, con escenas de acción y crimen resueltas bien con su falta de recursos (la luz bien utilizada, básicamente), se realiza de una manera efectiva, sin pérdidas de tiempo, y al ritmo de un buen culebrón. Sí, salí contento y, paradójicamente, con ganas de melodrama.