televisión

La construcción del personaje

El Elegido (2011), Telefé.

Anoche terminó El Elegido, esa ficción que, con su moderado éxito y un grupo de muy fieles seguidores, se convirtió a lo largo del año en probablemente el mejor producto televisivo argentino de 2011. Como es sabido, los géneros y formatos, en la actualidad y particularmente en televisión, son híbridos, y este tipo de ficciones no son consideradas telenovelas, sino tiras diarias. Es decir, el formato de todos los días lo define, más que una cuestión de tema o forma. Y esto es correcto porque, si bien con elementos del melodrama más clásico presentes, también hay una fuerte trama policial, otra metafísica, y varias más mezcladas.

Claro que la imposibilidad del amor de la pareja protagonista, es decir, el melodrama, es la que rige la estructura, pero las subtramas cobran tanta importancia que modifican totalmente el tono de la serie. Crecen y se retroalimentan, pasando por encima a su trama principal, con un solo objetivo: sus personajes. Porque si hay algo que fue El Elegido, fue una tira de personajes. Particularmente dos, Verónica San Martín (Bredice) y Oscar Nevares Sosa (Cruz) se llevaron puesto al producto entero, y más de un fanático miraba cada episodio a la espera de las escenas de alguno de estos personajes. Realmente, no es para menos, porque ambos están construidos a la perfección y con trabajos que son muy dignos de verse. Pero además de estos, todos están construidos con un nivel claramente más profundo que el habitual en ficción argentina, como David Nevares Sosa (Cáceres) o Greta Sáenz Valiente (Antonópulos), entre otros.

No voy a caer en la trampa de hacer comparaciones, y menos con series de otro calibre completamente diferente (como el paralelo evento televisivo de 2010, Malparida), pero sí puedo decir que celebro el valor de construir tramas por momentos tan complejas que eran difícilmente comprensibles, y de darle semejante importancia a los personajes por sobre cualquier otra cosa, buscando la profundidad y los matices de la obra particularmente en ellos. Admito que, como a toda ficción seguida por tantos meses, se la va a extrañar.

Producir ficción

Cuando me sonreís, Telefé.

Había reservado el post de hoy para comentar el primer episodio de Cuando me sonreís, la tira nueva de Telefé que se emitió por primera vez hace horas. Sabía que iba a comentar algo al respecto porque, de por sí, hay algunos elementos que hacen que mire de qué se trata. Por un lado, es interesante ver las cosas que hace Telefé para competir en la hora pico televisiva con Showmatch, esa bestia que parece invencible. Por otro lado, siempre es bueno darle aunque sea una chance a la ficción nueva, tratando de tener la menor cantidad de prejuicios posible.

Respecto a lo primero, me parece respetable que se trabaje en la ficción a cuatro manos para tratar de alcanzar a la competencia del canal vecino, teniendo dos tiras a la vez por noche, y un unitario (que si bien no compite directamente, aporta a la producción en general del canal).

El problema es que en sus ansias por mantener al público, se desesperan llevando sus guiones a planos a veces ridículos, o tan llenos de acción que directamente aburren. El caso de Un año para recordar, que había empezado bastante bien (con excepción de la tediosa y desubicada voz de Salazar a cada momento de silencio) terminó aburriendo a más no poder, y no duró tanto como, tal vez, se esperaba. El elegido también llegó a un punto en el que ya no se entendía por qué se daba vueltas y más vueltas sobre lo mismo, y simplemente me olvidé de encender el televisor a esa hora de la noche.

Cuando me sonreís, que empecé a ver a los quince minutos de iniciada, me hizo pensar en un principio que no valía la pena escribir nada al respecto. Diálogos llenos de artificialidad, una relación amorosa forzada y caricaturesca, y una escena de persecución muy lejos de lograda me desmotivaron ampliamente. Pero una vez terminada esta, la cosa cambió levemente. Los personajes se presentaron como es debido, los ámbitos respectivos también, y si bien en general el guión me pareció algo falto de solidez, admito que por momentos me reí con los vínculos del trío familiar de padres e hijos de Facundo Arana, Benjamín Rojas, y sobre todo Mario Pasik, que haciendo lo de siempre, lo hace bien. Me parece que por ese lado debería ser explotada la serie, y habría que tener cuidado con que el romance entre protagónicos no sea tan básico como aparenta. Por otro lado, las escenas del próximo episodio, que auguraban una pseudo imitación de The Birdcage me generaron una leve sensación de peligro. Pero como dije antes, hay que darle una chance de que elija el buen camino.

Reality

MTV y sus docu-dramas.

Dando vuelta por los numerosos canales de cable, es habitual llegar a MTV, esa especie de pastiche posmoderno donde explota la cultura pop, ya alejado de la música y mucho más cerca de la programación de series continuadas, de ficción, reality o documentales, mezcladas con informativos de actualidad musical, publicidades, mini-cortos, y otras cosas. Una especie de fanzine audiovisual.

Entre estas cosas, muchas de las cuales generan una atracción adictiva, está Teen Mom, una serie de la cual actualmente se transmite la segunda temporada, que sigue la lucha de madres jóvenes por equilibrar la maternidad con los demás elementos de sus vidas. La serie es una continuación de 16 and Pregnant, que acompañaba a las mismas mujeres durante su embarazo.

Hay un brazo de la producción audiovisual estadounidense que se preocupa por representar la realidad cruda de su país, en contraposición con las ficciones en cine o televisión tradicionales, que suelen presentar un mundo algo más perfecto del real. Estas series, ficcionales o no, tienen un estilo de registro documental, y apuntan a problemas sociales severos. Teen Mom y Real Life son claros ejemplos de esto. Más allá de que posean guión, y los problemas de los personajes (especialmente los económicos) no sean tan graves como lo que ellos interpretan, hay una clara intención de identificación con el público que vive sus vidas de manera similares a los personajes de sus programas y no a las películas mainstream.

Aclaremos algo: estos docu-dramas (como son llamados por el propio MTV) son ficción. Las madres de Teen Mom no pueden tener las dificultades económicas que enfrentan con el sueldo que se les paga por interpretar el programa (entre 50 y 100 mil dólares por temporada). Pero hay que abandonar la idea de que el hecho de que sea ficción lo haga menos válido. El verosímil está claro, y los conflictos que se expresan son reales para los personajes representados. En este mismo registro, es contrastante una serie como The Hills, que utilizando el estilo documental, es claramente una ficción de lo más tradicional sobre los problemas amorosas de personajes de clase alta. Los dos productos son lo mismo, tratando cada uno a una clase social diferente (más allá de que el público de ambos, probablemente, sea el mismo).

Esto me hace pensar que se trata de una nueva manera de representar, sea lo que sea que se represente, que intenta una visión menos plastificada de la supuesta realidad. Frente a esto hay dos posibilidades: que se pretenda destapar aspectos argumentales que en la ficción tradicional no se hacían presentes; o que se trate de asimilarlos para hacerlos aceptables, y formar parte del mainstream habitual.